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viernes, 18 de octubre de 2013

La poesía de las obsesiones


Pasé los pasados meses de julio y agosto trabajando en Diario SUR por segundo verano consecutivo, lo que no significa que las entrevistas (sobre todo las publicadas en formato pregunta-respuesta) me siguieran acojonando. Evidenciar tu habilidad -o la ausencia de ella- en negrita (¡encima!) a la hora de hacer una pregunta simboliza hacer visible tu capacidad en el que, seguramente, es uno de los géneros más difíciles de abordar dentro del Periodismo. Aún así, he salido victoriosa de entrevistas sorpresa (de esas de las que te avisan un par de horas antes, contando con que te tienes que trasladar hasta el lugar de la cita y teniendo en cuenta, también, que puede que no conozcas de nada a la persona con la que tienes que charlar). No recomiendo practicar ese truco en casa. Sin embargo, las más excitantes siempre son aquellas que sabes que has de prepararte a fondo. No sólo por quedar bien con el medio para el que trabajes, sino también por ti. Como una especie de reto personal. 
Es lo que me pasó, por ejemplo, con la entrevista que le hice a Luis Alberto de Cuenca, uno de los poetas del panorama español actual que más admiro. La conversación que tuvimos, aunque telefónica y no tan larga como a mí me hubiese gustado, fue tremendamente fructífera. Como podréis leer un poco más adelante, hablamos sobre política, educación, humanidades, rock and roll, y, por supuesto, poesía. La pena es que, como suele pasar sobre todo en la sección de Cultura, apenas utilicé un cuarto de todo en la pieza que escribí para el periódico, con motivo del nuevo número de la histórica, malagueña y venerable revista Litoral, cuyo último tomo está dedicado a Luis Alberto de Cuenca. 
Por eso, rescato aquí algunos retazos de nuestra charla, acompañándolos de poemas de dicho poeta que, pienso, ilustran a la perfección sus respuestas. Mis preguntas, las omito. Parte de mi homenaje es darle la vuelta al método tradicional y cometer un pequeño acto de rebeldía periodística: en este blog, lo que él dijo figurará en negrita. Aquí lo realmente importante es el entrevistado. Y más, si cabe, si se trata de Luis Alberto de Cuenca.


"Creo que no hay necesidad de tener ese conocimiento previo para apreciar esos poemas. Otra cosa es que se disfruten mejor con esos conocimientos previos, pero también hay un mensaje directo que no necesita de ampliación erudita".
La chica de las mil caras
Todo tu cuerpo es un inmenso brote de espinas,
pero las aves siguen comiendo en tus manos
y cantan en el bosque como si nada.
Por las noches me enseñas el universo:
hoy han sido las costas de Islandia,
la Edda de Snorri y la promesa de Winland.
Como tu cuerpo está erizado de agujas,
necesito almohadones para amarte;
luego despierto enganchado a tus labios,
cuando el sol es un punto negro en el cielo.
Si hablas, tu voz es una cascada
que arrastra cadáveres y policías de uniforme.
Hablas en verso, como Ovidio y Lope,
como el precoz escaldo Egil Skallagrimsson.
A veces te interrumpo. Tus besos llevan oro,
como las Noches de Stevenson o de Mardrus.
Son algo tan brillante. Como una nueva infancia.
No sé si tu destino es catalogar manuscritos,
si has sido bibliotecaria en Alejandría.
Un día vi cómo perseguías a un jabalí en Dordoña
(esa noche soñé con el Monarca Oscuro).
Podría hacerte un lecho de lirios o de rosas,
aunque preferiría cubrirte de alacranes.
Luego descifraríamos papiros mágicos y emblemas.
No sé cómo decirte lo mucho que te amo.
Hace siglos que desaparecieron los torneos.
Jesús sigue muriendo cada día. Hasta cuándo.
Pero Clodoveo decía que el Gólgota no sería famoso
si él hubiese estado allí, en Jerusalén, con sus francos...

Antes leíamos novelas bizantinas, escuchábamos discos,
no encendías jamás la luz en el desván.
Me parecía haber vivido dos veces los momentos
y bebía del suave terminarse de tus ojos.
Algunos dioses se nos antojaban ridículos:
Júpiter, por ejemplo, todos los que mandaban.
Pero las ninfas de las fuentes, los elfos, los dragones,
Mae West y Miriam Hopkins compensaban la perdida.
Hacer versos, nadar, dar de comer a un pájaro,
ejercer de sportwoman como Diana Palmer.
Buscábamos tesoros en el jardín de tus abuelos,
bajo ese sol de Heráclito que sigue sin ponerse,
con una Jolly Roger ceñida a la cintura,
saqueando glorietas y naufragando en la piscina.

Y ahora que está aquí, mi amor,
tú que eres todas las mujeres,
no sé si voy a ser capaz
de recordarte y recordarme.
Todos vivimos, a la postre,
en una especie de prisión
de la que no podemos salir,
en la que nadie puede entrar.
Pero consta en el Libro Único
que, a pesar de espinas y agujas,
nos amamos alguna vez
y nos amaremos tú y yo.


"En mí mismo hay un cóctel en el que hay muchísimos ingredientes. En algunas ocasiones está el cultural más presente que el directo. Pero yo soy el mismo, no hay distintas etapas. Están escritos al mismo tiempo en muchas ocasiones".
Endecasílabos
¿Y tus endecasílabos?
¿Dónde están?
¿Qué se hicieron?,
me preguntas en un alejandrino
de inequívoco corte manriqueño.
Yo te respondo: Dentro de mi alma,
en el hueco aún caliente donde un tiempo
latió mi corazón, en la ceniza
en que va convirtiéndose mi cuerpo,
en el ritmo del agua y en la música
de cámara de Brahms, en el silencio
de ese haiku de Basho, en la blancura
del oso acorazado de mis sueños.
En Lope y sus tercetos familiares.
En Borges y sus mágicos sonetos.
En todas partes, como Dios: en misa,
en Garcilaso y entre los pucheros.
En tus ojos que brillan en la sombra,
en el cine de Hawks y en el infierno,
en la Venus de Willendorf, en Nínive,
en el Avesta y en los Evangelios.
Me han hecho compañía tantos años
que no puedo vivir sin su consuelo.


"Creo que con el plan de estudios de Wert sí se ha avanzado en ese territorio. La sociedad Española de Estudios Clásicos y las personas que nos interesamos por esa parcela del saber hemos intentado por todos los medios influir para que no hubiera ningún tipo de retroceso, y lo hemos conseguido".
Teichoscopia
Tras nueve años de guerra, el rey de Troya
no sabe quiénes son sus enemigos.
se lo pregunta a Helena, allá en lo alto
de la muralla: «Dime, Helena, hija,
¿quién es ese que saca la cabeza
a los demás y que parece un rey
por su modo de andar y por su porte
señorial?» «Mi cuñado, Agamenón,
un hombre insoportable que no cesa
de gruñir, el peor de los esposos
y un mal padre.» «¿Y el rubio que está al lado?»
«Es mi marido, Menelao, un idiota
que no supo apreciar como es debido
lo que tenía en casa y no comprende
a las mujeres.» Príamo registra
la información de Helena en su vetusto
cerebro, y continúa preguntando:
«Y ese otro de ahí, de firme pecho
y anchos hombros, que va y viene nervioso
por el campo, las manos a la espalda,
como quien trama algo, ¿quién es ese?»
«Odiseo de Ítaca, un fullero
de quien nadie se fía, un sinvergüenza.»
«¡Caramba con los griegos!», piensa Príamo,
y le dice a la novia de su hijo:
«Otros veo, muy altos y muy fuertes,
que destacan del resto. Por ejemplo,
esa masa magnífica de músculos
que está sentada al fondo, a la derecha…»
«Es Ayante, una bestia lujuriosa
y prepotente, un grandullón con menos
inteligencia que una lagartija.»
«¡Qué bien hice estos años -piensa Príamo-
sin saber quiénes eran estos tipos!
Basta que gente así reclame a Helena
para no devolverla.» Y en voz alta
dice a la chica: «¿Dónde estará Paris?»
«Imagino que en la peluquería,
haciéndose las uñas y afeitándose.»
«Ayúdame a bajar de la muralla
y vamos en su busca, que os invito
a los dos a una copa en el palacio.»


"El latín y el griego tienen que estar presentes en todos los bachilleratos. Aporta una gimnasia mental increíble, un sentido de la humanidad muy profundo, puesto que nuestras raíces proceden de esas civilizaciones, y un conocimiento de nosotros mismos, una profundización en nuestras propias personalidades. Creo que son absolutamente fundamentales, básicos, que sin ellos la gente es mucho más incompleta que con ellos".
Filología y vida
"Filología, ¿para qué?", preguntas
mientras clavas en mí feroz pupila,
cargada de insidioso nihilismo.
Te lo explico. No entiendes mi respuesta.
Te da igual que los textos se publiquen
bien o mal, no te importa en absoluto
que un clásico se entienda, o que la gente
lea el Quijote tal y como quiso
su autor que lo leyéramos, sin una
sola coma dudosa ni un pasaje
desesperado.
            Cambio de materia
y te pregunto: "Vida, ¿para qué?"
(por si se fundamenta tu rechazo
de la filología en la grotesca
tesis de que la vida nada tiene
que ver con las bobadas filológicas).
Y tú respondes: "¿Vida? Para nada.
O, en todo caso, para los criados."
Adivino la cita de Villiers
detrás de tus palabras, pero eso
es lo de menos. Ahora he comprendido
por fin aquel inicio de una sátira
de Persio: O curas hominum! O quantum
est in rebus inane!


"En el fondo son sentimientos también si te fijas, ¿no? Establecer una especie de categoría de lo que te interesa y no te interesa también, de algún modo, es hacer explícito un sentimiento. Todo es sentimiento y todo produce o aspira a producir emoción. En la poesía, el concepto de emoción es básico".
Tebeos
Los Katzenjammer Kids, Popeye, Blondie,
Little Nemo, Flash Gordon y Li'l Abner,

Mandrake, Daredevil y Prince Valiant,

Dick Tracy, Spiderman y Silver Surfer,

los Vengadores y esa Cosa tierna

y acorazada de ojos azulísimos

(me refiero a Ben Grimm),

sin olvidar una novela gráfica

del Ivanhoe de Scott,

¿qué haría sin vosotros?

¿Buscaría el amor?,
¿pelearía
con una espada por un territorio?,
¿marcaría ganado en las praderas
infinitas del Middle West?,
¿navegaría bajo las estrellas

con una Jolly Roger ondeando

en el palo mayor de mi navío?
¿Qué haría yo sin esos tebeos?


"El mensaje más universal lo contienen los poemas que hablan de sentimientos universales. Los otros pueden llegar a un público determinado, pero no cabe duda de que los que hacen notoria y pública una serie de sensaciones humanas y básicas son los que tienen una aceptación mayor desde el punto de vista numérico".
El desayuno
Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

"Creo que no hay palabras malsonantes, sino oportunidades de insertarlas en los poemas. Toda palabra es susceptible de ser empleada poeticamente. Pero hay que tener mucho cuidado, obviamente, en la utilización de esos términos aparentemente malsonantes porque tienen que tener una función y tienen que desempeñar un papel muy importante. Si en ese poema no se emplea esa palabra malsonante, probablemente no tendría la posible fuerza que tiene. Es imprescindible en este caso".
En el supermercado
Cualquier lugar es bueno para el odio,
hasta el supermercado. "¿Por qué compras
esto en lugar de aquello? ¿Estás de oferta
o qué: crees que estoy sordo y que no oigo
las cosas que te dice el pescadero?
Me aburro. No te aguanto. No te olvides
la botella de ginebra. ¡Ah, no,
déjate de comida preparada!
Aprende a cocinar como mi madre".
"Cuando tú aprendas a comerme el coño".


"Una relacion íntima, absolutamente íntima. Siempre hemos explicado (Loquillo y él mismo) que la poesía y la música nacieron juntas y que sólo luego se fueron separando con los siglos, pero que de algun modo esta fusión que hemos fabricado vuelve a los origenes de cuando eran la misma cosa. Mi experiencia como letrista y como poeta soporte de versiones musicales es muy positiva, en el sentido de que amplía notoriamente el número de lectores y de interesados en la poesía"
 Political Correctness
Sé buena, dime cosas incorrectas
desde el punto de vista político. Un ejemplo:
que eres rubia. Otro ejemplo: que Occidente
no te parece un monstruo de barbarie
dedicado a la sórdida tarea
de cargarse el planeta. Otro que el multi-
culturalismo es un nuevo fascismo,
sólo que más hortera, o que disfrutas
pegando a un pedagogo o a un psicólogo,
o que el Mediterráneo te horroriza.
Dime cosas que lleven a la hoguera
directamente, dime atrocidades
que cuestionen verdades absolutas
como: “No creo en la igualdad”. O dime
cosas terribles como que me quieres
a pesar de que no soy de tu sexo,
que me quieres del todo, con locura,
para siempre, como querían antes
las hembras de la Tierra.



"Creo que sí, lamentablemente sí. Cuando se es feliz y cuando está uno instalado en la alegría, no se le ocurre perder el tiempo emborronando cuartillas. Creo que la tristeza es el gran motor de la escritura".
Sobre un tema de J.M.M.

No quiero ser feliz. Estoy enfermo
de haberlo sido tanto. Me fastidia
que la gente me quiera y que los dioses
me protejan. Renuncio a ser el centro
de las fiestas y a todos los poderes
que el dinero y la sangre proporcionan.
No quiero verte al lado, en la cabina
de mi coche, dorada y sonriente,
previendo mis deseos más ocultos.
No me divierte ya que mis amigos
celebren la blancura de tus manos.
Detesto las victorias, y los viajes
al más allá, y la daga del ingenio,
y el amor, y el jardín de la alegría.
Quiero la opacidad y la tristeza
que da el dolor, y la desesperanza.
Me está matando tanta dicha junta.


"Creo que lo que menos mal hago es poesía. Es una manera de ver el mundo, y en ningún caso algo relacionado con un sentimiento privado que me aisla de los demás, sino algo que me ayuda a prestrar mi voz, un elemento de fusión con el resto. Los poetas no somos diferentes a los demás, lo que hacemos es actuar de portavoces. Me interesa ser útil a mis semejantes".

 Línea clara
Dicen que hablamos claro, y que la poesía
no es comunicación, sino conocimiento,
y que sólo conoce quien renuncia a este mundo
y a sus pompas y obras —la amistad, la ternura,
la decepción, el fraude, la alegría, el coraje,
el humor y la fe, la lealtad, la envidia,
la esperanza, el amor, todo lo que no sea
intelectual, abstruso, místico, filosófico
y, desde luego, mínimo, silencioso y profundo—.
Dicen que hablamos claro, y que nos repetimos
de lo claro que hablamos, y que la gente entiende
nuestros versos, incluso la gente que gobierna,
lo que trae consigo que tengamos acceso
al poder y a sus premios y condecoraciones,
ejerciendo un servil e injusto monopolio.

Dicen, y menudean sus fieras embestidas.
Defiéndenos, Tintín, que nos atacan.



"Me ha pasado esa sensación y me ha pasado la contraria. Estamos hechos de sensaciones diversas y a veces contradictrorias. En ese poema se cuenta una determinada sensación, pero no es mi visión en absoluto de la mujer. Hay poca gente tan pesada como yo, que he estado rodeado de libros. Es muy difícil encontrar a una chalada de mi estilo".
Noche de ronda

En otro tiempo hubieras empleado la noche
en hablarle de libros y de viejas películas.
Pero ya eres mayor. Ahora sabes que a ellas
les aburren los tipos llenos de nombres propios,
que tu bachillerato les tiene sin cuidado.
De modo que le dejas tomar la iniciativa,
desconectas y finges que escuchas sus historias,
que invariablemente -recuerdas de otras veces-
versan sobre el amor, los viajes, la dietética,
su familia, el verano, la buena forma física,
el más allá, las drogas y el arte postmodemo.
De cuando en cuando asientes, recorriendo sus ojos
con los tuyos, rozando levemente sus muslos,
y elevas a los cielos una angustiosa súplica
para que aquella farsa termine cuanto antes.
Pasarán, sin embargo, todavía unas horas
hasta que, ebria y afónica, se abandone en tus brazos
y obtengas la victoria pírrica de su cuerpo,
que, pese a los asertos de tres o cuatro amigos,
será muy poca cosa. Y, cuando esté dormida,
saldrás roto a la calle en busca de una taza
de café gigantesca, maldiciendo las copas
que arruinaron tu hígado en la estúpida noche
y pensando que, al cabo, merece más la pena
no comerse una rosca y hablarles de tus libros,
amargarles la vida con Shakespeare y con Griffith.
O buscarse una sorda para que nada falte.
Un amor imposible
Te he encontrado en la calle y, luego, hemos cenado juntos.Te lo he dicho otra vez: mi vida quiere ser lo que llamaba Bowra "the pursuit of honour through risk". Y tu sonrisa se transforma en una mueca obscena, y sigues sin saber qué es el pudor. Antes de medianoche estabas muerta ya, amor mío.
 

lunes, 10 de junio de 2013

Wuthering Heights versión 2.0

¡Que despierte entre sollozos! - grité, dando un palmetazo en la mesa de la cocina y haciendo temblar los cubiertos que aún no había recogido -. Voy a repetir una plegaria hasta que me canse, aunque sé que odiáis cuántas veces me repito: ¡Ojalá no me olvide, aunque se tire a otra! Dijo que yo le había herido, ¡pues que me persiga entonces! Las víctimas persiguen a sus asesinos, ¿no es así, hermanos? Que me envíe un whatsapp a las cinco de la mañana, que me llame cuando esté borracho, ¡que me grite lo puta que he sido!, que me encuentre por la calle y me mire con rencor, pero que nunca, nunca me vuelva la cara. Sí, que haga eso. ¡Haz eso! Actualiza tu Facebook con bonitas y vengativas canciones sólo para que yo las vea, atúrdeme con besos que luego no llegan a nada en cualquier rincón nocturno, esconde todas las camisetas que te regalé, pero hazlo poniéndolas justo al lado de los preservativos; frena bruscamente justo en frente de alguna de nuestras calles y escupe en ella, vuelve sólo en primavera y conviértete así en mi particular Peter Pan... Luego vete con cualquier vulgar Wendy. Aparece en mis sueños, no me tengas piedad. Pero quédate siempre, no me dejes sola en este abismo donde no soy capaz de encontrarte.  

miércoles, 31 de octubre de 2012

Unamuno o por qué podría enamorarme de un católico de derechas

No ha pasado tanto tiempo desde que descubrí que los verdaderos conflictos existenciales no me los plantearía un estereotipado hombre de cabeza gacha, barba más cuidada de lo que en realidad quiere aparentar, gesto cansado y aspecto atormentado. Y es que, como dice Carmen Camacho en su poema Tres d'Enrique, tendemos a confundir a los que protestan con los valientes, a los que nos ignoran con los interesantes y a los que se tocan el cabello con los que miran hondo. Esta filosofía barata y trasnochada ya hastía. Una imagen tan estudiada sólo busca vender y estos tipos ya han sido best-sellers durante demasiado tiempo. Apartemos a los libros de supermercado y reivindiquemos los clásicos: es hora de que admitáis vuestra derrota y dejéis que el cigarrillo se consuma lentamente en el cenicero mientras salís del bar sin hacer demasiado ruido. Recibiréis una ligera palmadita en la espalda y algún que otro amago de condescendencia. Es hora de que os inclinéis ante don Miguel de Unamuno.

¿Y es que quién en esta vida puede ser más intenso que un señor que escribe nivolas* tituladas Del sentimiento trágico de la vida y La agonía del cristianismo? Un vasco españolista, un progre franquista y luego arrepentido, un cristiano desencantado que necesita creer en algo, un emigrante del racionalismo y del positivismo, un forastero y amante del existencialismo. ¿Sois capaces de contemplar ahora la enorme aura de misterio que desprende el autor de NieblaQuién me lo iba a decir: me conmueve su desesperada búsqueda de la fe racionalizada y su rectificación intelectual y a tiempo (poco antes de morirse) por haber confiado cándidamente en las tropas, según él “regeneracionistas”, del dictador Francisco Franco. Ah... Si todos los católicos se atreviesen a cuestionar sus creencias y todos los fascistas recapacitaran y se arrepintiesen como él... El mundo sería mejor y los rojos y los fachas podríamos procrear sin preámbulos y demás prejuicios y estereotipos.

¿Por qué ya nadie habla de Dios? ¿Es que está tan desfasado y demodé? Insoportables y repelentes niños de la JMJ, apasionados cofrades que dejáis las Iglesias vacías durante 358 días al año: ¡échaos a un lado! Esta atea exige creyentes de verdad, esos que -de tanto creer- terminan por pensar. Y por hacerme pensar. Podéis leer en el siguiente fragmento como el mismo Unamuno relata su crisis religiosa:
“Fui de chico devoto en el más alto grado, con devoción que picaba en lo que suelen llamar (mal llamado) misticismo […]. Cuando llegué a Madrid a estudiar […] proseguí con mi empeño de racionalizar mi fe, y es claro, el dogma se deshizo en mi conciencia. Quiero decir con esto que mi conversión religiosa (tal es su nombre) fue evolutiva y lenta, que habiendo sido un católico practicante y fervoroso, deje de serlo poco a poco, en fuerza de intimar y racionalizar mi fe, en puro buscar bajo la letra católica el espíritu cristiano. Y un día dejé de pronto de oír misa […]. Hará cosa de cuatro años, atravesé una crisis íntima […]. Fue un periodo de terribles angustias. Bajo aquel golpe interior volví o quise volver a mi antigua fe de niño. ¡Imposible! A lo que realmente he vuelto es a cierto cristianismo sentimental, algo vago, al cristianismo llamado protestantismo liberal.” (Manuel Padilla Novoa. Unamuno. Madrid: Ediciones del Orto, 1994)
Sí, habéis leído “Ediciones del Orto”, pero pongámonos serios. El hecho de que para Miguel de Unamuno el existencialismo fuese la evolución del racionalismo siempre me ha hecho pensar. ¿Es que la reflexión, la crítica y el conocimiento tienen que conducir siempre a la angustia, el sufrimiento y la eterna incertidumbre? Porque Unamuno, todo sea dicho, lo pasó fatal. Aprendió danés para poder leer a Kierkegaard -considerado padre del existencialismo- en su lengua original, y eso es muy fuerte. Este filósofo representó una gran influencia para Unamuno y le otorgó a la fe un nuevo significado: el de la duda. Y es que tener fe es dudar. O así debería ser. Kierkegaard pensaba que para tener verdadera fe en Dios también había que dudar de su existencia. No dar nada por hecho ni por sentado, cuestionar las costumbres, las tradiciones y la cultura. Rechazar lo innato. Moraleja: no bauticéis a vuestros hijos, es una tremenda injusticia. Dejadles al menos tener creencias propias, joder.
Y ahora que estoy ojeando la Wikipedia (fuente muy mal vista pero también muy recurrente) me doy cuenta de que mi nombre debería aparecer en el apartado de “Influencia y legado”. Desde hace unos años, una de mis frases imprescindibles es “Tengo una angustia existencial que ni la de San Manuel Bueno, mártir”. Eso es muy importante.

Pero dejemos a Dios tranquilo, que ya bastante tiene con Woody Allen. Pasemos a la política. ¿Sabíais que Miguel de Unamuno fue diputado por la conjunción republicano-socialista en Salamanca? Sí, sí. Él mismo proclamó, con notable alegría y esperanza, la II República en dicha ciudad. Sí, la pregunta es evidente: ¿qué coño ha ocurrido para que semejante intelectual como fue Miguel de Unamuno ocupara un escaño desde el año 1931 hasta el 1933 y ahora nos gobierne Mariano Rajoy?
Pero no nos desviemos. Tras retornar de su exilio al término del mandato de Primo de Rivera, ocupar su lugar como concejal en Salamanca y ser nombrado rector de la Universidad de esa ciudad, nuestro querido escritor se convierte en un verdadero indignado de su tiempo. Pero al revés. Como tantos otros, Unamuno termina por desencantarse del gobierno republicano y comienza a tener fe (ah, una vez más) y a ver reflejada la esperanza en el bando rebelde, al que apoyó durante los primeros meses de sublevación y guerra civil. O “incivil”, como él mismo la llamaría más tarde, cuando se arrepintiese profundamente de sus actos.

Ha llegado el momento de contaros mi momento histórico-literario favorito de todos los tiempos:
En el año 1936, durante el acto de apertura del curso académico de la Universidad de Salamanca -que se celebró el 12 de octubre, “Día de la raza” entonces y “Día de la hispanidad" ahora, no hemos cambiado tanto- varios oradores alzaban sus voces con ataques hacia el pueblo vasco y el catalán, llamándoles “cánceres en el cuerpo de la nación”, entre otros bonitos cumplidos. Unamuno presidía el acto, ya que era el rector de la Universidad, y sus palabras no dejaron indiferentes a nadie. Ahí van:
Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir lo mismo. El señor obispo lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona, y aquí está para enseñar la doctrina cristiana que no queréis conocer. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao y llevo toda mi vida enseñando la lengua española, que no sabéis".
En este momento, el general Millán-Astray irrumpió en alaridos y gritos llenos de furia, entre los que resonó algún que otro insulto y un “¡Viva la muerte!”.
“Acabo de oír el necrófilo e insensato grito "¡Viva la muerte!". Esto me suena lo mismo que "¡Muera la vida!". Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Como ha sido proclamada en homenaje al último orador, entiendo que va dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de las masas. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como he dicho, que no tenga esta superioridad de espíritu es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor. El general Millán Astray desea crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por eso quisiera una España mutilada".
El general Millán-Astray vuelve a interrumpir al escritor con el famoso (y estúpido, soez y criminal) grito de “¡Muera la inteligencia!, ¡muera la intelectualidad traidora!, ¡viva la muerte”. Tras esto, un valiente Miguel de Unamuno termina magistralmente su discurso:
“¡Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”.
El 22 de octubre de ese mismo año, Franco destituyó a Unamuno como rector de la Universidad de Salamanca. Fue restituido en su cargo póstumamente en octubre de 2011.
Este discurso le costó la vida. Miguel de Unamuno murió en su casa dos meses después, estando bajo arresto domiciliario. Merece (mucho) la pena ver -en realidad, escuchar- este vídeo que recoge uno de los últimos testimonios de Unamuno. Puede que la bala no procediese esta vez de un fusil, o puede que sí, pero sin duda el fusil era él mismo. Creo que el existencialismo -político, religioso e intelectual- mató a Miguel de Unamuno y Jugo.
Y es que, como dijo Machado, “Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en la guerra. ¿Contra quién? Quizá contra sí mismo”.

*nivolas: nombre con el que Unamuno bautizó a sus propias novelas. En su época había demasiados corsés literarios (estructura, línea argumental, tipo fijado de personajes...) que limitaban muchísimo al escritor, por lo que inventó un género aparte para su propia literatura.